Así fue la odisea de un hombre, en un arroyo de Barranquilla

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 En Barranquilla personas  han sobrevivido tras ser arrastradas por uno de los arroyos que se forman en esta capital cuando llueve. Pero la de William Alberto Ortega Ortiz, uno de los sobrevivientes de estas turbulentas corrientes, es única.

Logró salir con vida de uno de los arroyos más peligrosos y que más vidas ha cobrado en esta ciudad, luego de ser arrastrado casi dos kilómetros y terminar en el río Magdalena.

En Barranquilla, cuando se recuerda esta historia, no dudan en decir que fue un milagro y para muchos este hombre volvió a nacer ese día, porque como dijeron los testigos de ese episodio: “el que se cae al arroyo de la 84 no sale más”

El 17 de agosto del 2019, a las 10 de la mañana, William se encontraba como de costumbre en la esquina de la carrera 49C con calle 85, en el norte de la ciudad, atendiendo su negocio de venta de agua y frutas, que tiene montado en una carretilla.

Solo escuchaba el ruido del agua zumbándome en los oídos, ahora sí estaba solo. No veía a nadie que me gritara, que me quisiera ayudar. Entonces me encomendé a Dios

No olvida los golpes que recibía en la espalda, brazos y piernas por algunos objetos como piedras, troncos, botellas que iban en el agua. “Solo recibía y esperaba golpes, en especial cuando chocaba con los muros”. El haber sido un buen nadador fue lo que en esta ocasión lo ayudó a mantener el control del cuerpo y alejarse de los muros, que era por momento donde el agua se estrellaba con violencia.

Lo que me preocupaba era que por culpa de un golpe quedara ciego y paralítico. Pensaba en mi hija y le pedía a Dios. A unos pocos metros de la desembocadura, cuando el arroyo pierde fuerza y las aguas se vuelven mansas, fue cuando William vio que tenía una oportunidad y sacó las últimas fuerzas que lo acompañaban.

“Me aferré a Dios para salir, vi que podía nadar y tiré brazo hasta la orilla”. Llegó hasta donde estaba un grupo de pescadores. “Allí me tiré en el suelo, los pies no me daban más”.

Los pescadores lo llevaron cargado hasta un billar, donde se tiró en el piso a recuperar la fuerza, luego lo acostaron en una de las mesas para prestarle los primeros auxilios.

“Un señor que había pertenecido al Ejército Nacional fue quien me limpió las heridas, luego llamó a la ambulancia y en vista que no llegaba me llevó en una camioneta al hospital Niño Jesús, que era el más cercano”.

Aún recuerda con algo de malestar la pregunta que le hizo una enfermera, pese a verlo mal trecho: ¿y tú qué hacías ahí? Dice que se la quedó mirando y con algo de sarcasmo le respondió: “es que estaban pasando muñecas bonitas y me tiré para cogerle una a la hija mía”.

William resultó con una herida entre el párpado y la ceja, que le tomaron siete puntos. Lo único que tenía cuando salió del agua era el calzoncillo nuevo, la ropa había sido despedazada por la furia del agua.

“No podía ver por un ojo, que se me cerró de la hinchazón. Tenía raspones en todo el cuerpo, los brazos, las palmas de las manos, las piernas, los tobillos, cuando me sentaba no era nada, el cuento era levantarme, hasta las nalgas se me pelaron”.

Cuando regresó a la esquina a trabajar, con la venta de agua y frutas, amigos y algunos clientes lo recibieron en medio de abrazos y voces de aliento para que siguiera adelante.William era una figura, su cara estaba en entrevistas que le hicieron en televisión, además de la historia en las redes sociales y sus fotos en los periódicos de Barranquilla.

Para la tranquilidad de William, la Alcaldía de Barranquilla anunció la canalización del arroyo de la calle 85, obra que tiene un costo de 71.500 millones de pesos, y que el alcalde Jaime Pumarejo gestiona.

Redactado por: Tatiana Arango

Cortesía foto:Archivo 

 


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