Madre asegura que su hija no se suicidó y busca la verdad de lo que pasó

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El 2016 fue un año caótico para la vida de María Claudia Bonilla, perdió una parte de su alma e hizo hasta lo imposible por saber qué había pasado con su hija. En la actualidad, todavía quedan en el aire muchas dudas, y solo -asegura- la paz de Dios le ha permitido levantarse.

“Tengo documentos de todo –asegura María Claudia–. Fui a la Fiscalía en la embajada de México, a todas partes y nunca me dieron ninguna razón, ni en la Procuraduría de México, nada. Estoy igual que hace cuatro años”.

1.460 días después de la extraña muerte de Sara, su madre no deja de preguntarse por lo que pasó. Le encantaría tener alguna certeza, pero si de algo está segura es que su hija no se suicidó.

“Yo quiero la verdad, es todo lo que quiero –señala la compungida madre–. Yo lo que no quiero es que otras mamás tengan que vivir lo que yo viví con Sara. Nadie se merece eso”.

Sara Ramírez Bonilla, de 22 años, llevaba apenas una noche en Cancún (México) cuando apareció muerta como si hubiera caído del octavo piso del hotel Villas del Palmar.

“El novio me contó que ya en el hotel subió a cambiarse la camisa, porque estaba un poco sudado, y la niña se quedó abajo –cuenta María Claudia–. Él se demoró 40 minutos y al bajar mi hija se había esfumado”.

María Claudia hace una pausa. Recordar es tocar de nuevo una herida que permanece abierta. Se lamenta por no haber sabido antes lo que el destino le deparaba a su hija en ese viaje, aunque se opuso cuando supo de él, finalmente accedió y lo lamenta, aunque no tenía cómo saber lo que ocurriría.

Según el relato del joven venezolano a la familia de Sara en Estados Unidos, al no encontrar a su novia, recorrió cada pasillo, la recepción y la piscina, y subió más de tres veces a la habitación. Le escribió a su celular, pero nunca respondió.

Luego de poner al tanto a la familia de Sara, Digiore fue abordado de nuevo por los supuestos policías –que no portaban placa–; lo llevaron hasta el aeropuerto de Cancún y de nuevo le exigieron la suma de dinero para dejarlo salir.

Según el relato del joven venezolano, consiguió que unos amigos le giraran el dinero, pero la transacción no se hizo efectiva. Los supuestos policías se fueron pensando que lo exigido ya estaba en sus cuentas y lo dejaron en el aeropuerto. Allí permaneció en un baño hasta viajar de vuelta a Estados Unidos.

“En México no nos querían atender (era el domingo 31) –denuncia María Claudia–. Nos dijeron que solo podíamos llevarnos el cuerpo de mi hija si lo cremaban. De lo contrario, nos iba a tocar esperar 20 días. No hubo tiempo de hacer un examen para saber las causas de su muerte”.

Mientras tanto, ya en Miami, Antonio Digiore le dijo al padre de Sara que los policías lo estaban llamando de nuevo para reclamarle por el dinero que no había llegado. Y de nuevo le advirtieron que si quería que entregaran el cuerpo debía enviar lo acordado.

“Sara era una niña de 22 años, muy alegre, extrovertida, buena compañía, juiciosa, responsable, trabajadora –dice Germán Pardo–. Sara era muy divertida, de buen humor y muy linda. Una niña… la mejor”.

 

 

Redactado por: Tatiana Arango

Cortesía foto:Archivo 


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